El arte y los tesoros pueden encontrarse donde a veces no se espera, como por ejemplo es el caso de uno de los tesoros ocultos en el pinar de los Pozos de la Piedad, en plena Sierra de San Cristóbal. Lugar donde se puede contemplar uno de los recursos hídricos subterráneos mas importantes como son las obras hidráulicas que sirvieron para que El Puerto contara con abastecimiento de agua de manera regular desde mediados del siglo XVIII, un hito del que pueden presumir pocos municipios en España. Comúnmente, se denomina a todo como los Pozos de la Piedad, pero lo cierto es que el conjunto de galerías para captar el agua subterránea de la Sierra de San Cristóbal está conformado por tres infraestructuras independientes cuyo estado de conservación, a día de hoy, es deficiente.
Ya el antiguo asentamiento de Doña Blanca tomaba agua del acuífero gracias a los manantiales que brotaban a la superficie a la altura de Las Leonas y Sidueña. Pero fue en 1588 cuando se puso en marcha una primera conducción que obtenía el líquido elemento en la Sierra y lo llevaba a la ciudad. No obstante, la primera gran obra fue a mediados del siglo XVIII cuando se construyeron los Minados del Puerto, también denominado como la 'Obra de la Fuente'. Considerada como la primera gran obra hidráulica de El Puerto, consistía en la construcción de una serie de ramales que recogía el agua de los manantiales para llevarlas hasta la ciudad mediante un acueducto subterráneo de más de 5 kilómetros de longitud que llegaba hasta lo que hoy día es el Paseo de la Victoria para distribuirla desde ese punto a las viviendas. El emblema de esta conducción es la Fuente de las Galeras, que se utilizaba para cargar agua en los barcos, que iban fundamentalmente a Cádiz para que la capital tuviera suministro (eran las llamadas 'aguadas'). Para corroborar la importancia de esta obra pública solo hay que consultar su presupuesto, que ascendió a 1,8 millones de reales (lo que suponía el gasto del cabildo portuense de entonces durante 10 años). La infraestructura se pagó mediante una fórmula que hoy día sigue aplicándose, el pago de un canon por parte de los usuarios.
La segunda gran construcción fue promovida por el Ayuntamiento de Cádiz. A mediados del siglo XIX, el cabildo gaditano optó por buscar una alternativa para no tener que pagar a El Puerto por el suministro, un negocio que era bastante rentable para la ciudad. Por ello, adquirió varias fincas en las faldas de la Sierra (de hecho, a día de hoy, aún cuenta con alguna que otra propiedad) y construyó una galería de más de dos kilómetros de longitud con la que captar el agua del acuífero. Sin embargo, un error de diseño de las Galerías de Cádiz al ubicarlas a una cuota demasiado baja motivó que hubiera continuas filtraciones de agua salina procedente de la marisma (hoy desecada por los cultivos del Poblado de Doña Blanca). Además, se inició un conflicto por el agua de la Sierra entre El Puerto y Cádiz ya que la obra del consistorio capitalino provocó que los Minados quedaran casi secos.
El conflicto se resolvió a principios del siglo XX con un reparto de las zonas de captación y, tras la Guerra Civil, se iniciaron los trámites para una nueva infraestructura, los Pozos de la Piedad. Está conformada por una decena de pozos unidos por galerías de 1.250 metros de longitud, que entraron en funcionamiento en la década de los cuarenta. Pero esta obra tuvo poco recorrido ya que a finales de los 50 El Puerto se integró en la recién creada Zona de Abastecimiento Gaditana por lo que comenzó a utilizarse el pantano de Los Hurones.
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