viernes, 18 de octubre de 2013

Un gaditano gana el XXVIII del Premio BMW de pintura



El gaditano José Carlos Naranjo se ha hecho con la XVIII edición del Premio BMW de pintura con su obra ‘El camino’. El ganador, natural de Villamartín, ha logrado este premio dotado con 25.000 euros y para el que se han presentado más de 800 obras.
José Carlos Naranjo es licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. Su obra ‘El camino’, de técnica mixta sobre papel, construye, según el jurado, “un icono de vocación cinematográfica, con una figuración expresionista. Muestra una atmósfera nocturna, definida por la orientación de la luz en primer plano sobre un fondo misterioso”.
La ceremonia de entrega de los premios por parte de Su Majestad la Reina Sofía tendrá lugar el 13 de noviembre en el Auditorio Nacional. Posteriormente, se celebrará el habitual concierto solidario cuyos beneficios van destinados en su totalidad a la fundación sin ánimo de lucro Mundo en Armonía.
Todos los cuadros seleccionados en esta vigésimo octava edición se exhibirán en Casa de Vacas, en el Parque de El Retiro de Madrid, en una pinacoteca única que se podrá visitar de manera gratuita del 3 al 31 de diciembre de este año.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Ricardo Galán Urréjola y Carmen Bustamante llevan Cádiz a Art Madrid


El arte gaditano reincide en uno de los encuentros más efervescentes del panorama artístico nacional, Art Madrid. Dos de las grandes firmas de la tierra, Carmen Bustamante y Ricardo Galán Urréjola, acudirán a la octava edición de esta feria que desde ayer y hasta el próximo 17 de febrero se celebra en su nueva ubicación del Ático de la Estación de Chamartín. 

La galería Ansorena de Madrid y Xanon de Bilbao impulsan la obra de estos dos gaditanos que acuden con sus típicas escenas urbanas -en caso de Urréjola- y costeras -de Bustamante-. Paisajes contrarios, inmersos o alejados del bullicio; foráneos o gaditanos, según el artista, pero con firma de la tierra. 


Es el caso de Carmen Bustamante, que aporta al stand de Xanon siete obras entre las que figuran piezas de ultimísima hora de su producción. Entre ellas, Bloques, obra en la que la artista vuelve a navegar en los mansos mares que siempre pinta para Cádiz, para todos los espacios costeros que dibujan su Bahía. Junto a esta obra de 1x1 que retrata una parte de los bloques del Campo del Sur también expone otras que llevan a Madrid los paisajes de arena y mar, dunas o Doñana, según comenta a este medio la propia autora, que participa casi desde el principio en el encuentro, con siete años de experiencia en este terreno junto a la galería bilbaína. 


Ricardo Galán Urréjola llevará a la feria su producción más fresca, creada en 2012, una colección realizada en acrílico sobre lino y con la que viene a analizar el paisaje urbano de Londres y Nueva York. 

Y es que este virtuoso de escenas de ciudad, medio abstractas, medio expresionistas y medio figurativas, sigue investigando en nuevas fórmulas con que resolverlas. Gran dominio técnico que para la ocasión despliega entre urbes del mundo. 

Sus creaciones se fusionan con las de cientos de artistas que exhiben su producción desde las 40 galerías participantes, cuyas propuestas se distribuyen a lo largo y ancho de 2.500 metros cuadrados de exposición. 

Junto al programa general, la feria mantiene el programa One Project, la gran apuesta de la feria por el arte joven, con la presencia de nuevos medios y soportes no convencionales. Comisariado por el crítico Javier Rubio Nomblot, acoge galerías que participan con un proyecto específico de un artista menor de 45 años, dispuestos en stands de 10 metros cuadrados y en un espacio diferenciado dentro de la feria.

jueves, 7 de febrero de 2013

Exposición en la sala Rivadavia en Cádiz



Pilar Alonso convierte al espectador en voyeur de su obra en Rivadavia

La artista gallega presentó la muestra 'The Cabinet of Cándida Stanwick', una nueva instalación que invita a invadir los secretos de los nuevos personajes de su serie. 

Es una trama en la que aparecían los protagonistas de su nueva película. Toni Volouns y Cándida Stanwick asoman parte de su relación "pasional, dependiente, de amor odio e incluso algo violenta". 

Un vínculo que se descubre entre las capas que el espectador atraviesa tan solo poner un pie en Rivadavia, "hasta ir descubriendo nuevas facetas de sus personajes", que desde esta original propuesta cuestiona la concepción de la intimidad en la actualidad. "Hoy compartimos todo en las redes sociales, pero solo mostramos lo que queremos que vean de nosotros". 

Es la frontera entre la intimidad cedida o robada, que conecta con una serie de elementos simbólicos inherentes a su obra. Entre ellos los postizos o prótesis "que vienen a esconder la realidad. 





El primer paso hacia el voyeurismo se ofrece al público en el acceso a una de las dos salas. Una instalación realizada en papel de cebolla invita a curiosear entre las demás obras dispuestas de forma laberíntica en la escena de Rivadavia. Grandes paneles por los que discurren la atención del espectador hasta el final del asunto. Hasta el final del filme. El sonido ambiente, que suena desde el fondo de la sala, también ayuda. "Es el sonido de un espacio que no te pertenece, como el salón de un vecino". Y es que parte importante de la sinopsis de su nueva obra surge de los recuerdos de su infancia. Entre otros, de aquel hueco que había bajo la escalera de casa de su abuela cubierto con una tela de gallinero. El mismo que un día tuvo que destapar hasta descubrir el hogar de la vecina, invadiendo en cierto modo la intimidad del prójimo, en la que ahora se prodiga su trabajo. 

La carga simbólica de la muestra reincide en cada paso, en cada pieza. Aparte de los ciervos que siempre discurren como parte indiscutible de su producción, inserta un nuevo elemento. De gran belleza, por cierto. Las "volvoretas, que es como se dice mariposas en gallego". 





Son las mismas mariposas del estómago, las mismas que salen volando del interior de uno de sus protagonistas en una instalación articulada en dos partes. En la primera, figura Toni Volouns sin un ojo, el mismo que parece transformado en mariposa. "Aquí entrará en juego una vez más el elemento prótesis, que ya iremos viendo". De su estómago salen las mariposas que parecen posarse en la pared opuesta. Decenas de volvoretas pintadas en papel con mensajes de "mariposas en el estómago". 

Para la puesta pictórica de la trama, Pilar Alonso trabajó con las actrices en una sesión fotográfica más allá de las paredes de su estudio. Un trabajo que se va traduciendo en la trama de la historia, como antes hizo con La Diva, que el pasado año visitó Benot. 

Porque Pilar Alonso trabaja el suspense pictórico. Es su forma de concebir el arte, en este momento de su trayectoria. Con los que invade secretos ajenos desde los suyos propios, despertando el alma de voyeur que encierra cada espectador. 



Pilar Alonso es viguesa, licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla y actualmente cursa estudios de postgrado becada por la Fundación Pedro Barrié de la Maza en la Städelschule de Frankfurt con Per Kirkeby. Ha expuesto anteriormente en galerías y espacios de España y Alemania, entre ellos, el Castillo de Santa Catalina y la galería Benot en Cádiz.

Pilar Alonso ha establecido en Rivadavia grandes paneles, una instalación a modo de laberinto, que va deshojando escenas de los personajes de esta narración. El formato de los paneles y la propia banda sonora evocan al cine. En cuanto a la técnica Alonso se prodiga en el uso de la acuarela, el carbón y la gouaché.


La muestra podrá visitarse de lunes a viernes de 10.30 a 13.30 y de 17.30 a 19.30 horas hasta el 20 de marzo.

viernes, 25 de enero de 2013

Anne y Jean-Luc, una historia de amor y revolución


Un año ajetreado es la segunda novela autobiográfica de Anne Wiazemsky (Berlín, 1947), nieta del ilustre escritor francés y Premio Nobel de Literatura François Mauriac, actriz adolescente en Al azar, Baltasar, de Robert Bresson, cuya experiencia relató en La joven (El Aleph), estudiante de filosofía, musa, actriz, amante y esposa (entre 1967 y 1979) de Jean-Luc Godard, novelista (Canines, El libro de las despedidas, El libro de los destinos), guionista y directora de algunos programas de televisión.

El año en cuestión va justamente del verano de 1966 al de 1967, el periodo en el que Wiazemsky, por entonces menor de edad y estudiante de bachillerato en tránsito hacia la Universidad, conoció y (se) enamoró a un Godard en pleno éxito recién separado de Anna Karina, con quien había rodado sus primeras y exitosas películas (Una mujer es una mujer, Vivir su vida, Pierrot el loco), un año intenso repleto de nuevas experiencias, dudas y conflictos familiares y personales que forjaron la personalidad adulta de una adolescente hermosa, confusa e inquieta y que culminaron con una boda secreta en un ayuntamiento suizo y el rodaje de una película, La Chinoise, que, en su adaptación del Pequeño Libro Rojo de Mao a una célula de “Robinsones del marxismo-leninismo”, iba a preludiar el espíritu que habría de inundar las calles poco tiempo después en mayo de 1968.

A partir de las notas de su diario de juventud, una lúcida, sincera y precisa Wiazemsky va desgranando poco a poco, siempre atenta a los detalles y sujeta al vaivén de los estados de ánimo, los acontecimientos excepcionales de aquel periodo convulso y maravilloso: la primera carta de amor que escribió al director de Maculino, femenino dirigida a la redacción de los Cahiers du cinéma, el primer encuentro con el cineasta, al que siempre retrata como un niño travieso, cariñoso y celoso, locuaz y seductor, tan tierno, cortés y tímido en la intimidad como seguro, autoritario e incluso agresivo en sus rodajes y apariciones públicas, las escapadas furtivas, las sesiones de cine para ver las películas de Lang, Rossellini, Renoir y Bergman o las comedias de Louis de Funès, los primeros encuentros sexuales, las angustiosas falsas alarmas de embarazo, las peleas continuas con su madre y su familia, que desaprobaba la relación desigual sin disimulos, o el despertar de su vocación como actriz, escritora o fotógrafa.

Si un Bresson siempre correcto aunque excesivamente paternal y protector era el protagonista de fondo de aquella primera novela de iniciación, un Godard entregado y furiosamente romántico lo es de ésta, aunque no sea exactamente una novela sobre el cineasta o su cine, sino más bien el relato de aprendizaje y formación de una joven de buena familia seducida por el crepitante ambiente cultural e intelectual del París de mediados de los sesenta, una ciudad efervescente por la que desfilan figuras como Jeanson, Cournot, Sartre, Merleau-Ponty, Sollers, Truffaut, Rivette, Coutard, Bertolucci, Barbara, Jeanne Moreau, Jean-Pierre Léaud, Jean Vilar o Maurice Béjart, un París que ella pasó de contemplar desde la barrera a protagonizar en primer plano, acompañando al que todos consideraban como el cineasta más genial de su generación.

Un año ajetreado puede leerse así en clave histórica y generacional, para aquellos lectores no cinéfilos o no interesados por la figura de Godard y su entorno, pero resulta especialmente recomendable para el conocedor y el seguidor del director de Al final de la escapada, en su retrato insólito tras el que se adivinan pasiones, sonrisas e incluso gestos de torpeza y ternura keatonianas que él mismo siempre se encargó de esconder tras sus gafas de sol. Si sus películas con Karina ya dejaban traslucir, entre las fracturas del lenguaje y la voluntad de épater la bourgeois, un profundo espíritu romántico escondido en la cinefilia y la pasión por la literatura o la música, el periodo de cortejo, seducción, inspiración y convivencia inicial con Wiazemsky nos revelan a un Godard mucho más frágil y transparente, a un tipo tal vez solitario y desesperado que buscó en el amor de una joven burguesa la protección para sus propias carencias.

Lo que vino después, fuera ya de las páginas de este libro, es de sobra conocido: una radicalización y una politización de Godard en su carácter y en sus prácticas cinematográficas que lo fueron aislando cada vez más del cine francés y de su propia esposa, y una carrera como actriz de Wiazemsky que se prolongó durante unos cuantos años junto a su esposo (Week-end, Todo va bien) o a cineastas como Pasolini (Teorema, Porcile) antes de la separación definitiva.

Un año ajetreado – Anne Wiazemsky – Trad. de Javier Albiñana – Anagrama – 224 págs. – 18 euros