Un año ajetreado es la segunda novela autobiográfica de Anne
Wiazemsky (Berlín, 1947), nieta del ilustre escritor francés y Premio Nobel de
Literatura François Mauriac, actriz adolescente en Al azar, Baltasar, de Robert
Bresson, cuya experiencia relató en La joven (El Aleph), estudiante de
filosofía, musa, actriz, amante y esposa (entre 1967 y 1979) de Jean-Luc
Godard, novelista (Canines, El libro de las despedidas, El libro de los destinos),
guionista y directora de algunos programas de televisión.
El año en cuestión va justamente del verano de 1966 al de
1967, el periodo en el que Wiazemsky, por entonces menor de edad y estudiante
de bachillerato en tránsito hacia la Universidad, conoció y (se) enamoró a un
Godard en pleno éxito recién separado de Anna Karina, con quien había rodado
sus primeras y exitosas películas (Una mujer es una mujer, Vivir su vida,
Pierrot el loco), un año intenso repleto de nuevas experiencias, dudas y
conflictos familiares y personales que forjaron la personalidad adulta de una
adolescente hermosa, confusa e inquieta y que culminaron con una boda secreta
en un ayuntamiento suizo y el rodaje de una película, La Chinoise, que, en su
adaptación del Pequeño Libro Rojo de Mao a una célula de “Robinsones del
marxismo-leninismo”, iba a preludiar el espíritu que habría de inundar las
calles poco tiempo después en mayo de 1968.
A partir de las notas de su diario de juventud, una lúcida,
sincera y precisa Wiazemsky va desgranando poco a poco, siempre atenta a los
detalles y sujeta al vaivén de los estados de ánimo, los acontecimientos
excepcionales de aquel periodo convulso y maravilloso: la primera carta de amor
que escribió al director de Maculino, femenino dirigida a la redacción de los
Cahiers du cinéma, el primer encuentro con el cineasta, al que siempre retrata
como un niño travieso, cariñoso y celoso, locuaz y seductor, tan tierno, cortés
y tímido en la intimidad como seguro, autoritario e incluso agresivo en sus
rodajes y apariciones públicas, las escapadas furtivas, las sesiones de cine
para ver las películas de Lang, Rossellini, Renoir y Bergman o las comedias de
Louis de Funès, los primeros encuentros sexuales, las angustiosas falsas
alarmas de embarazo, las peleas continuas con su madre y su familia, que
desaprobaba la relación desigual sin disimulos, o el despertar de su vocación
como actriz, escritora o fotógrafa.
Si un Bresson siempre correcto aunque excesivamente paternal
y protector era el protagonista de fondo de aquella primera novela de
iniciación, un Godard entregado y furiosamente romántico lo es de ésta, aunque
no sea exactamente una novela sobre el cineasta o su cine, sino más bien el
relato de aprendizaje y formación de una joven de buena familia seducida por el
crepitante ambiente cultural e intelectual del París de mediados de los
sesenta, una ciudad efervescente por la que desfilan figuras como Jeanson,
Cournot, Sartre, Merleau-Ponty, Sollers, Truffaut, Rivette, Coutard,
Bertolucci, Barbara, Jeanne Moreau, Jean-Pierre Léaud, Jean Vilar o Maurice
Béjart, un París que ella pasó de contemplar desde la barrera a protagonizar en
primer plano, acompañando al que todos consideraban como el cineasta más genial
de su generación.
Un año ajetreado puede leerse así en clave histórica y
generacional, para aquellos lectores no cinéfilos o no interesados por la
figura de Godard y su entorno, pero resulta especialmente recomendable para el
conocedor y el seguidor del director de Al final de la escapada, en su retrato
insólito tras el que se adivinan pasiones, sonrisas e incluso gestos de torpeza
y ternura keatonianas que él mismo siempre se encargó de esconder tras sus
gafas de sol. Si sus películas con Karina ya dejaban traslucir, entre las
fracturas del lenguaje y la voluntad de épater la bourgeois, un profundo
espíritu romántico escondido en la cinefilia y la pasión por la literatura o la
música, el periodo de cortejo, seducción, inspiración y convivencia inicial con
Wiazemsky nos revelan a un Godard mucho más frágil y transparente, a un tipo
tal vez solitario y desesperado que buscó en el amor de una joven burguesa la
protección para sus propias carencias.
Lo que vino después, fuera ya de las páginas de este libro,
es de sobra conocido: una radicalización y una politización de Godard en su
carácter y en sus prácticas cinematográficas que lo fueron aislando cada vez
más del cine francés y de su propia esposa, y una carrera como actriz de
Wiazemsky que se prolongó durante unos cuantos años junto a su esposo
(Week-end, Todo va bien) o a cineastas como Pasolini (Teorema, Porcile) antes
de la separación definitiva.
Un año ajetreado – Anne Wiazemsky – Trad. de Javier Albiñana
– Anagrama – 224 págs. – 18 euros
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